El nearshoring está cambiando México

México y el nearshoring

Hay momentos en la historia económica de un país en los que una confluencia de factores externos crea una ventana de oportunidad que no estaba planificada, que no depende exclusivamente de las decisiones de gobierno y que puede transformar la posición del país en la economía global de forma duradera si se aprovecha con inteligencia. México está viviendo uno de esos momentos, y su nombre es nearshoring.

El reordenamiento de las cadenas de suministro globales, acelerado por la pandemia, la guerra comercial entre Estados Unidos y China y la búsqueda de proximidad geográfica y cultural por parte de las empresas estadounidenses, ha convertido a México en uno de los destinos más atractivos del mundo para la relocalización de manufactura e industria. Para el inversor que sabe dónde mirar, eso representa una oportunidad concreta y medible.

El nearshoring en México

El nearshoring es el proceso por el cual las empresas trasladan parte de su producción o sus operaciones a países geográficamente cercanos a sus mercados principales, en lugar de mantenerlas en destinos lejanos como China o el sudeste asiático. La lógica es reducir los riesgos asociados a cadenas de suministro largas y complejas: tiempos de entrega más cortos, mayor control sobre la producción, menor exposición a disrupciones geopolíticas y la posibilidad de responder con más agilidad a los cambios en la demanda.

México tiene una combinación de ventajas para este proceso que difícilmente puede replicar ningún otro país en el hemisferio occidental: frontera de más de tres mil kilómetros con el mercado más grande del mundo, acceso preferencial al mercado estadounidense y canadiense a través del T-MEC, una base manufacturera consolidada en sectores como el automotriz, la electrónica y el aeroespacial, costos laborales competitivos y una zona horaria compatible con las operaciones de las empresas norteamericanas.

 

 

Los flujos de inversión extranjera directa que ha recibido México en los últimos años reflejan ese atractivo de forma cada vez más contundente, con nuevas plantas industriales, centros de datos, parques logísticos y desarrollos inmobiliarios industriales que están transformando la geografía económica de varias regiones del país.

Los sectores que más se benefician

No todos los sectores de la economía mexicana se benefician por igual del nearshoring, y esa diferenciación es relevante para el inversor que quiere exposición específica a este fenómeno.

El sector inmobiliario industrial es quizás el más directamente beneficiado. La demanda de naves industriales, parques logísticos y centros de distribución en zonas como el Bajío, el norte del país y la franja fronteriza ha generado una expansión notable de los fideicomisos de inversión en bienes raíces industriales, conocidos como FIBRAs industriales, que ofrecen al inversor individual la posibilidad de participar en ese crecimiento sin necesidad de adquirir propiedades directamente.

El sector energético enfrenta una demanda creciente derivada del consumo industrial que el nearshoring genera. Las nuevas plantas manufactureras requieren suministro eléctrico confiable y en muchos casos buscan fuentes de energía renovable para cumplir con los estándares de sostenibilidad de sus clientes corporativos en Estados Unidos y Europa. Las empresas involucradas en generación, transmisión y distribución de energía, así como las de energías renovables, tienen un vínculo directo con el ritmo de la inversión industrial asociada al nearshoring.

El sector de infraestructura logística —puertos, carreteras, ferrocarriles, almacenes— también se beneficia de forma estructural, dado que el movimiento de mercancías entre las nuevas plantas de producción y los mercados de destino requiere una infraestructura de transporte que en muchas regiones del país todavía necesita expansión significativa.

Inversión para el inversionista individual

La pregunta práctica más importante para quien quiere aprovechar el nearshoring como oportunidad de inversión es cómo acceder a ese crecimiento desde una cartera de tamaño modesto, sin necesidad de invertir directamente en propiedades industriales o en empresas privadas de infraestructura.

Las FIBRAs industriales son la opción más directa para el inversor mexicano. Estos instrumentos, que cotizan en la Bolsa Mexicana de Valores y distribuyen periódicamente los ingresos generados por sus propiedades en arrendamiento, ofrecen exposición al crecimiento de la demanda industrial con liquidez, diversificación geográfica dentro del portafolio de propiedades y sin los costos operativos de la propiedad directa.

Las acciones de empresas que operan en los sectores más beneficiados por el nearshoring —desarrolladoras industriales, empresas de logística, proveedores de energía, constructoras con enfoque en infraestructura— ofrecen otra vía de participación con mayor potencial de apreciación pero también mayor volatilidad individual.

 

El nershoring y las inversiones

 

Para el inversor con menor tolerancia al riesgo o menor disposición a seleccionar empresas individuales, la alternativa más accesible es la exposición indirecta a través de vehículos diversificados. En este contexto, comparar el peso sectorial de la economía mexicana en distintos instrumentos de inversión pasiva resulta revelador: quienes analizan los fondos indexados sobre el mercado mexicano encuentran que la composición sectorial de esos vehículos ha comenzado a reflejar gradualmente el crecimiento de los sectores industriales y de infraestructura vinculados al nearshoring, aunque con el retraso natural que implica la representación por capitalización bursátil.

Los riesgos que no deben ignorarse

El nearshoring es una oportunidad real, pero invertir en función de una tendencia macroeconómica sin considerar los riesgos específicos es una forma de entusiasmo que el mercado suele cobrar caro.

El riesgo regulatorio es significativo en el contexto mexicano. Los cambios en las políticas energéticas, las modificaciones al marco de inversión extranjera o las tensiones en la renegociación del T-MEC pueden afectar de forma directa el atractivo de México como destino de nearshoring y, con él, el valor de los activos relacionados.

La concentración geográfica dentro de México también merece atención. El nearshoring no está beneficiando a todo el país por igual: se concentra en regiones específicas con infraestructura, capital humano y conectividad adecuados. Una inversión mal diversificada geográficamente dentro del país puede estar más expuesta a riesgos locales de lo que parece a primera vista.

Una ventana que no estará abierta indefinidamente

Las oportunidades estructurales de la magnitud del nearshoring no se presentan con frecuencia, y cuando aparecen, tienden a generar los mejores rendimientos para quienes entran cuando la tendencia todavía está en sus fases tempranas de desarrollo, no cuando ya es el tema de conversación dominante en todos los medios.

México tiene los elementos para convertir el nearshoring en una transformación económica duradera. El inversor que entienda qué sectores se benefician, cómo acceder a ellos de forma eficiente y qué riesgos gestionar estará mejor posicionado para capturar esa oportunidad antes de que el mercado la haya descontado por completo.

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